domingo, 8 de abril de 2012

ACTO 12 (Vol. 2)

  Continúan las amazingosas aventuras de la compañía de la pala aulladora en este segundo volumen del acto 12, en donde descubriremos entre otras cosas los peligros de meterse en una villa alejada de la civilización, y carente de cobertura alguna para el móvil.

  Además, actualizamos la sección de historiales de los PJ-s de la campaña añadiendo la ficha policial, digo, la historia y antecedentes de Albretch, más adelante incluiremos también su hoja de PJ al igual que con los demás. Como "bonus track", no nos olvidamos de incluir las Pifias Mentales correspondientes a los sucesos narrados en esta entrada, y que encontrareis en su respectiva sección.

  Así que, adelante con la crónica de hoy:

24 de Sigmarzeit:

  Una vez claros los planes que seguirían, Hyeronimous volvió a lo suyo para convencer a las autoridades de realizar una revisión en la declaración de hacienda de la familia Wittgenstein, mientras el grupo se encargaba de buscar un barco que los llevara a la villa de Wittgendorf en donde residía la noble familia, para recabar más información con la que empaquetar a semejante panda de facinerosos mientras esperaban la llegada del hechicero amatista.

  Lo primero con lo que se encontraron en la búsqueda de un medio de transporte fue un rechazo generalizado hacia ellos al saberse de cuál era su destino, debido en gran medida a un miedo atroz al lugar. Solo Gertrude, la fornida y agitanada  patrona de un cochambroso barco fluvial conocido como “La Viuda”, y a quien remitieron tras el revuelo causado por su llegada, se prestó a llevarles por una buena suma, no sin antes advertirles una vez mas (y ya iban unas cuantas), de la peligrosa fama de la villa como lugar corrupto por el mal. Además, por si las palabras no fueran suficientes argumentos, la viril mujer les mostró el motivo del revuelo causado por la llegada de su barco al puerto, que no era otra cosa que el cadáver de una criatura muerta hallada flotando en el río cerca de Wittgendorf: Un mutante parecido a un pez hinchado, doblado por la mitad, bajo cuya desmenuzada piel asomaban escamas, y bajo cuyas axilas se extendían tentáculos rosas. La horrísona visión llevó de los terrores a nuestro grupo de protagonistas, y Gertrude se apresuró en explicar cómo habían llegado a puerto con la intención de entregarlo a las autoridades. Con el pago de 2Co de oro, y el cumplimiento de la tarea de bajar el cadáver a tierra, nuestros ahora muy acojonados protagonistas cerraron el trato para el viaje.

"Buenas, era amigo del difunto, vengo a presentar mis respetos a la familia"


26 de Sigmarzeit:

  Así, el grupo arribó en Wittgendorf dos días después. La localidad presentaba un aspecto más siniestro que Sheldon Cooper sonriendo. Ubicada en medio de un terrorífico bosque de árboles retorcidos y negros, la compañía dejó el barco solo para ver cómo este se daba prisa en volver a marcharse dejándolos en la villa, cuya opresiva atmósfera no invitaba a la tranquilidad.  Las casas que llegaban a ver desde el desvencijado, y pequeño muelle de madera presentaban un arcaico aspecto de haber pasado días mejores, y la nublada y gris luminosidad del día no ayudaba a mejorar el paisaje de un lugar del que parecía haberse olvidado todo el Imperio. Y por encima de sus cabezas, imponiéndose en el tétrico paisaje desde el farallón sobre el río en el que estaba construido, el tétrico castillo Wittgenstein les daba la bienvenida a aquellas tierras marcadas por el caos.

  La primera sorpresa desagradable se la llevaron cuando un grupo de seis mendigos salieron de una destartalada caseta a pedir limosnas. Su aspecto e higiene eran los mismos que los de nuestros protagonistas en un día bueno, pero aún así no quisieron intimar con la gente de su mismo estrato social. Repugnados por los mendigos, Karin se apresuró en lanzarles unas monedas por las que los despojos humanos comenzaron a pelearse, momento que aprovecharon para darse las de Villadiego, pero a sabiendas de que no conocían el lugar, se dejaron guiar por uno de los zarrapastrosos lugareños a cambio de más monedas, y de servir de huéspedes a parte de la colonia de piojos y pulgas que aprovecharon el momento para instalarse en los serranos cuerpos de algunos de nuestros protagonistas.

A estas alturas de campaña, hasta una aparición parasitaria adquiere tintes épicos para el grupo.

  El grupo fue guiado hasta la posada de “La Estrella Fugaz”, la mejor posada del pueblo según el guía… y también la única. Una vez en las calles, pudieron comprobar que la imagen de todas las casas eran similares a las vistas desde el muelle, estando la mayoría en muy mal estado, cuando no en ruinas, y por el camino se tropezaron con la segunda sorpresa desagradable del día: Un mendigo peleaba por un hueso con un perro ante la atónita mirada de los presentes, quienes no supieron cómo reaccionar. Privado de ayuda para ahuyentar al sarnoso chucho, este terminó por desgarrar la garganta del pobre desgraciado, quien comenzó a desangrarse delante del grupo aullando de dolor, sin que a nuestros protagonistas les diera tiempo de ayudarle ya que acto seguido, de las calles circundantes aparecieron más perros callejeros que devoraron sin compasión al mendigo.

  Horripilados por lo que veían, el grupo decidió seguir adelante y salir de las poco tranquilizadoras calles lo antes posible, no fueran a convertirse ellos también en friskis, por lo que continuaron su camino acelerando el paso, y sin dejar de prestar atención a las miradas furtivas que les dirigían aquellos que les espiaban por entre las rendijas de las ventanas, y sobre todo, a las hambrientas miradas de los perros y mendigos que se cruzaban por el camino.

  Finalmente llegaron a  la posada, pagaron rigurosamente al guía, y se metieron en ella. El local no presentaba un aspecto muy salubre, pero era más acogedor que el exterior en donde se empezaban a agolpar mendigos esperando a que volvieran a salir. El hombre tras la barra, un posadero delgaducho, nervioso, y de hablar muy rápido, fue el único de los presentes en prestarles atención, y es que los parroquianos, de tez aceitunada, y extraña fisonomía con desproporcionados miembros, se limitaron a dedicársela a sus vasos.

  El hombre se dio a conocer como Herbert. Y además de ofrecerles las habitaciones que pidieron, muy gustosamente les informó sobre el pueblo, dado que al mismo no llegaban muchos forasteros, y su llegada pareció alegrarle el día.

  Al parecer la baronía era actualmente regentada por Lady Ingrid von Wittgenstein, y su hija Margritte, quienes atemorizaban a la población. La villa había caído en desgracia hacía unos 20 años, aunque Herbert no lo podía asegurar debido en buena parte a que la apartada situación de Wittgendorf, y la triste vida que llevaban confundían las fechas a cualquiera de los lugareños, quienes a menudo eran “secuestrados” por los guardias del castillo para darles una vida mejor dentro de las murallas, aunque muchos otros iban al mismo de buena fe, buscando algo de caridad. Algunos la recibían al ser invitados a pasar, y otros servían como diana para las armas de proyectil de la guardia.

Los más precavidos iban alégremente preparados para lo peor.

  Mientras conversaban con Herbert, y como llamados por sus palabras, hicieron acto de presencia tres de los guardias mencionados. Embutidos en sus armaduras de malla y placas, y con la cara tapada por sus respectivos cascos, los tres hombres pidieron vino, que procedieron a beber usando pajitas, sin mostrar sus rostros en ningún momento. La aparición de los guardias silencio a Herbert, quien los atendió con miedo, y luego se escabulló a la cocina. Tras terminarse sus vasos, y en el completo silencio de la taberna de la posada, uno de los guardias comenzó a gritar a los presentes, pidiendo información sobre “los que les habían estado atacando”. Ante la silenciosa respuesta de los parroquianos mientras nuestro grupo de delincuentes se esforzaba en pasar desapercibidos, los guardias terminaron por tomarla a golpes con un viejo borracho del local, sacándolo a rastras del mismo y amenazando a los presentes con un “tal vez la suerte de este viejo os haga hablar la próxima vez”.

  Por segunda vez, nuestros protagonistas decidieron no interferir en los hechos del pueblo, y la taberna no ardió a su paso (que siga en pie cuando se marchen de allí, es algo todavía por ver), pero su esfuerzo por pasar desapercibidos era vano en un sitio en el que se conocían todos, y los guardias no se marcharon sin antes lanzarles algunas miradas tras sus cascos.

  El silencio volvió a reinar en el lugar, y Herbert se apresuró a prepararles dos habitaciones para ellos, no sin antes servirles una sustanciosa comida a la que procedieron a dedicarle toda su atención. Y es que comer cualquier cosa crecida en aquellas tierras no invitaba a nada menos, cualquier despiste podía terminar por hacer que tu propia comida terminara contándote sus penas. Durante la sobremesa decidieron inspeccionar la villa, y familiarizarse un poco más con el lugar antes de que cayera la noche, y a ello que se pusieron aprovechando que la bandada de mendigos congregados fuera de la posada parecía haberse esfumado.

sábado, 31 de marzo de 2012

ACTO 12 (Vol. 1)

  Despues de una larga sequía rolera dedicada al descanso y solaz para recargar energías, o lo que es lo mismo, una tocada de barriga panza arriba mayúscula, regresamos de nuevo al lío de vivir las peripecias del grupo de indecentes destinados a salvar el Viejo Mundo.

  Karin procede a relatar cómo les fueron los días por el Imperio tras la escapada milagrosa de Kemperbad, y los horrores de las ruinas de la Máquina de Señales.

“La pala tiene que aparecer, sino la partida no es partida” (Igor)

15 de Sigmarzeit:

   Una vez explorado a fondo todo lo que ocultaba aquella trampilla de la máquina de señales (el estudio secreto de Dagmar Von Wittgenstein) salimos del lugar por una puerta secreta que, al parecer por sus propiedades mágicas, se abrió y cerró sola a nuestro paso… con el consiguiente acojone que ello nos provocó.

Cualquier friky que se precie de serlo se habría emcionado con la puerta,
pero nuestros protagonistas son muy impresionables

   Antes de abandonar el edificio a medio construir nos dimos una comilona caliente y echamos a andar. Al anochecer llegamos a la pequeña aldea (las 4 casas, vamos) que se mantienen bajo el Castillo de Reikguard.

   Una vez allí volvimos a visitar al amable veterano de guerra Bertrad, que ya nos acogió en su casa en la anterior visita al lugar. Le contamos nuestras peripecias desde entonces y la mala noticia de la muerte del enano Ragnar. Y, como en la anterior ocasión, nos invitó a cenar y pernoctar en su hogar a cambio de nuestra compañía.

16 de Sigmarzeit:

   Bertrad nos proporcionó un desayuno muy completo. Tras eso nos pasamos por la tiendilla de la aldea y compramos ropa de niño para ambos halflings, dado que íbamos a pasar por terrenos donde son buscados por la justicia y convenía extremar precauciones al respecto.

Sí Karin. Nadie se va a dar cuenta. Sois unos hachas del camuflaje y el mimetismo.

   Después tomamos el primer barco que pasaba por la zona y llevaba a Altdorf.

18 de Sigmarzeit:

   Temprano nuestro barco se detuvo en los muelles de Altdorf y, sin perder tiempo, buscamos un nuevo transporte que nos llevaría hasta Delberz, y encontramos uno que no suele llevar pasajeros pues solo es una barcaza comercial de comida de alta cocina, pero finalmente su patrón Rodrigo accedió a llevarnos por un elevado precio. Partiriamos al anochecer.

   Durante el día en la Capital del Imperio nos enteramos de un cotilleo: Últimamente habían sido vistos varios cadáveres de mutantes flotando en el río al sur de Kemperbad. Aún no estamos seguros del todo si no habriamos tenido algo que ver con ello o no…

19 de Sigmarzeit:

   En cuanto pusimos el pie en Delberz nos dirigimos a casa de Hyeronimous. Nos abrió su pupilo Hans y, como el mago no estaba en casa, le esperamos mientras tomábamos algo charlando con él.
No sin antes procurar que Al, nuestro nuevo compañero de viaje, no se acojonase con el hechicero y, especialmente, con las cosas que podía encontrarse en su caserón.

- “Tú no te fijes en las cosas que hay dentro de los botecitos” (le sugiere Magmar a Al)
- “Y ellas tampoco se fijarán en ti” (DJ Akrabu proporcionándole al humano una mayor tranquilidad)

Lo mireis por donde lo mireis, no hace falta ningún comentario
para perder los nervios con algo como esto cerca de tí.

   Una vez llegado Hyeronimous, le pusimo al tanto de todo lo sucedido desde que estuvimos con él la última vez, hace cosa de 2 o 3 semanas: lo que sucedía en Grissenwald entre humanos y enanos, cómo libramos a la población de los goblins de Ethelka y, una vez dimos con ella, acabamos con su vida, no sin que antes la muy bruja invocase un demonio delante de media ciudad de Kemperbad. Las noticias vuelan en el Viejo Mundo y de eso último ya estaba el hombre enterado, aunque no del todo seguro de que nosotros hubiéramos tenido algo que ver con ello. Pobre iluso…

   Pero nuestro amigo acojonó (muy mucho muchísimo) a Arty al darse cuenta de que ahora La Mano Púrpura puede tener algo de su sangre, dado que uno de los sectarios le sanó en la cárcel llevándose consigo las vendas manchadas. Y eso puede ser muy peligroso cuando se trata de brujería. Además de acojonar a su estudiante, también funcionó con los demás. Como ya teníamos pocos problemas, pues por añadir uno más…

   Hyeronimous quedó consternado tras conocer todo lo que habíamos ido averiguando y accedió a ayudarnos, aunque la cosa no sería ni fácil, ni rápida. Había que tratar de hablar con la guardia, él debería hablar con su Orden (la de los Amatistas), a ser posible también con los seguidores de Morr y, por último, con la Sagrada y temida Inquisición de la Iglesia de Sigmar, que ya nos prestó ayuda para liberar a Bögenhafen de la amenaza de la invocación de Teuggen. Además de todo eso, si demostrábamos que estábamos tratando de salvar el Imperio (sí, aunque no lo parezca) podrían retirarse los delitos que se nos imputaban a Viktor y a mí, Karin.

  Los humanos presentes (osease, los únicos que saben leer) decidieron irse a la Biblioteca municipal a buscar toda la información que pudieran recabar sobre lo que teniamos entre manos. Albretch dió con algunos datos interesantes:

- Los Wittgenstein han controlado la Baronía bajo su nombre desde la Guerra de los 3 Emperadores, hace ya más de 200 o 300 años. Fue la Emperatriz Margritta la que les concedió las tierras por ciertos “servicios a la seguridad Nacional”, tierras que la susodicha Emperatriz había expropiado a un tal Óskar III de Talabheim.

- La familia Wittgenstein está protegida por una antigua cédula imperial, que le proporciona inmunidad absoluta ante cualquier problema legal.

   Como podéis leer, es una información interesante, sí, pero también hay muchas casualidades que se ponen en nuestra contra en vez de ser al revés.

22 de Sigmarzeit (¡Festag!):

   Viajamos a Altdorf junto con Hyeronimous y Hans. El hechicero iba a dedicar tiempo a hacer los papeleos y movimientos burocráticos necesarios. Nos pidió que, mientras tanto, nos acercáramos a la población de Wittgendorf, a los pies del Castillo Wittgenstein, a investigar más sobre lo que está sucediendo allí y a recabar pruebas que pudieran servir de cara a buscar esa ayuda de las Ordenes que luchan contra el Caos.

23 de Sigmarzeit:

   Aún en la Capital y tras pernoctar en “La Taberna del Barquero” tanto Arty como Al dedicaron el día a buscar más información en la amplia y extensa colección de libros de la Biblioteca de la Universidad mientras el resto nos dedicamos a vaguear y pasear por la ciudad, curioseando entre las gentes sobre nuevas noticias. Es así como yo, Karin, me enteré de que esa población, Wittgendorf, está muy mal vista, todos coincidían en que es mejor no ir, que gracias a Sigmar, está aislado, y que todos en ese pueblo son tontos debido a la endogamia.
En este punto, las sospechas sobre la naturaleza del pueblo empezaban a ser más que preocupantes.

   Por su parte, entre miles de libros, nuestros chicos altos también consiguieron información jugosa e igualmente acojonante sobre la zona:

- Las Colinas Áridas se llaman así desde hace aproximadamente unos 200 años (má o meno el tiempo que hace que aquel enorme trozo de Morrslieb cayó justo allí). Se dice que algo sucedió (sin especificar el qué) y desde entonces nada ha crecido allí, donde antes había vegetación y bosque ahora solo hay desierto. Por el miedo a pasar por la zona dejó de haber ruta comercial que pasase por el lugar, lo cual fastidió mucho a Kemperbad, que se valía de esa ruta, quedando desde entonces a merced del comercio por vía fluvial.

- Sin embargo, un noble concedió a la población una cédula imperial, otorgándole independencia administrativa (empiezo a odiarlas muy mucho) por la que ya no dan Impuestos al Imperio, sino que son libres de ponerlos ellos mismos. Así pues ahora no nos extraña tanto que haya tanta delincuencia allí y que incluso la guardia esté comprada por la maldita secta de La Mano Púrpura.

- Encontraron también escasa información de Dagmar Von Wittgenstein (el dueño del estudio secreto) gracias a un retrato del mismo que ya habíamos visto en dicho estudio:
Hombre de oscuro pasado, fue asesinado por uno de sus primos por cuestión de herencia (y en presencia de toda la familia) después de que Dagmar regresara de un viaje de negocios... a las Colinas Áridas.
  No sé si somos muy mal pensados, pero ese viaje de negocios no tiene buena pinta…

  Con toda esta información nos reunimos por la noche con Hyeronimous, que nos informó de que el Decano de su Orden nos iba a ayudar, su siguiente paso era hablar con los Sacerdotes de Morr. Si también consiguen la ayuda de éstos, entre ambos podrían ir a tratar el tema con los Sigmaritas.

   Nosotros, a los que nos toca el trabajo sucio, el de calle, sin papeleos ni formalidades de por medio, iremos a Wittgendorf a investigar. Y el hechicero decidió que Hans, su pupilo, nos acompañaría en dicha aventura. Espero que vuelva sano y salvo, pero lo veo complicadete…

Es que con su historial, no los van a meter en esta brigada...


...más bien los meterán en la brigada de este sujeto.




lunes, 20 de febrero de 2012

ACTO 11 (Vol.2)

  Continuamos con el volumen dos narrado por Karin de la anterior partida, aprovechando para añadir una nueva y flamante novedad a blog: Una sección propia para todas las sandeces y paridas que pueden llegar a decirse en las partidas de la campaña que hemos venido a llamar Pifias Mentales. Por que sí amigos y amigas, semejantes demostraciones de bajeza en el intelecto humano han de ser preservadas para la posteridad cuando las cucarachas mutantes sucedan a la humanidad, y así ahorrarles siglos de investigación por descubrir la causa de nuestra extinción.



13 de Sigmarzeit:

   Tras madrugar fuimos a visitar el Templo de Shallya, donde nos sanaron todas las heridas. Las mejores coronas de oro invertidas hasta el momento. La mujer anciana que curó las heridas de Arty le dijo que el mal estaba sobre él pero que también veía un aura de bondad velando por su persona, para que no se desviase del buen camino.

   Una vez recuperados de las palizas, peleas con demonios y demás, nos dirigimos al Templo de Mor para poder despedirnos de Ragnar. Queríamos poder hacerle un entierro enano llevándolo a Grissenwald y dejándolo en manos del Clan Granmartillo, pero los últimos acontecimientos nos lo iban a poner difícil.

  Lágrimas no faltaron en la despedida, así como una emotiva promesa de venganza por parte de Magmar. Un augur se acercó y nos dijo que Ragnar estaba orgulloso de nosotros pero enfurecido a la vez (aunque eso no es de extrañar).

   Dado que el entierro al estilo humano supone que el cadáver esté desnudo, los sacerdotes del templo nos entregaron todos los enseres de nuestro amigo, e incluso el dinero que llevaba encima, así que dedicamos el resto de la mañana a vender la mayor parte de sus cosas.



Unos amigos envidiables: lo primero que hacen despues de despedirse del difunto,
es ir al rastro a vender las pertenencias del mismo.

   Aparte de eso, el resto del día lo dedicamos a buscar una carreta que nos pudiera acercar a la máquina de señales de Aynjulls, y al fín encontramos una perfecta que partiría al día siguiente.

   Al terminó por decidirse, y se unió al grupo pues dijo saber que tras los hermanos Villaverde siempre se mueve dinero, y eso es lo que a él le interesa. Pobre iluso, no sabe dónde se mete…

14 de Sigmarzeit:

   Pasamos el día viajando en carreta bajo una copiosa lluvia que provocó que Viktor y Al pillaran un buen trancazo.

   Entrada la noche llegamos a la máquina de señales, en la que todo estaba tal cual lo dejamos al marcharnos aceleradamente tras el susto con el necrófago y sus amigos del sótano. Se ve que en el Viejo Mundos los trámites burocráticos tardan su tiempo en recibir respuesta a los avisos de no-muertos en edificios del imperio. Mejor para nosotros.


En algunos casos, los no-muertos se pueden encontrar haciendo cola y todo, según la complejidad del trámite.

   Tras una cena decidimos dormir al calorcito del fuego y explorar el lugar al día siguiente haciendo guardias toda la noche.

15 de Sigmarzeit:
 
  Tras madrugar y desayunar, bajamos todos y tratamos de encontrar algo útil en la biblioteca del sótano. Al no encontrar nada nos dirigimos a la inquietante habitación con una estrella de seis puntas dibujada en el suelo con pintura plateada, en la que cada punta tenía una cerradura.

   Arty saco todas las llaves que tenían esa misma estrella y nos ofrecio una a cada uno. Abrimos las cerraduras y en el centro de la figura se abrio una trampilla hacia otra biblioteca más abajo.

   En el centro de la misma había una mesa llena de polvo con 3 libros encima abiertos. Arty nos leyó lo que decían las páginas abiertas, de lo cual sacamos algo más de información, aunque luego no sepamos ni qué hacer con ella:


Curioso. Ocurre lo mismo con los manuales de montaje de esta gente.

- En el año 2302 cayó un meteorito procedente de la luna Morrslieb cerca de las Colinas Áridas (el lugar al que Ethelka debía ir a por algo importante).

- Un documento firmado por Dagmar von Wittgenstein, hablaba del mayor fragmento de piedra bruja existente en el mundo, que le daría mucho poder para hacerse con todo el Viejo Mundo. Informaba de que se había contruído un receptáculo especial forrado de plomo para transportar dicho fragmento hasta el Castillo Wittgenstein, donde le esperaba una cámara reforzada mágicamente. Aparte de esos datos, encontramos un grimorio oscuro y una extraña pócima escondida en el interior de un libro de la biblioteca secreta.

   Con el nuevo descubrimiento sucedió un acalorado debate sobre nuestro próximo movimiento: sin un duro y una buena deuda que pagar a los malnacidos que persiguen a Arty (y con él, al resto del grupo) la idea de buscar esa piedra bruja para venderla en el mercado negro era una de las opciones, así como la de mandarlo todo a tomar viento, cambiarnos de nombre, y escondernos en el pueblo de paletos más incomunicado del Imperio. Finalmente nos decidimos por viajar hasta Delberz y hablar de todo lo sucedido con el mago Hyeronimous a ver si sacamos algo en claro con su ayuda.

   Y acabo de darme cuenta que además de estar buscados en Grunburgo, cercano a Altdorf, Viktor y yo somos “personas non-gratas” en Delberz tras la que se lió antes de marcharnos por la lengua larga de mi hermanito…

Me parece que nos va a tocar otra de disfrazarnos de niños para la próxma partida…

martes, 14 de febrero de 2012

ACTO 11 (Vol.1)

 Volvemos a las andanzas una vez más, y aquí estamos de regreso para desvelar lo que ocurrió tras el desastroso accidente provocado por nuestros sufridos ¿Héroes? durante la caza de Ethelka.


  Karin se ha tomado la molestia de relatar de primera mano lo ocurrido durante la última partida, así que sin más dilación, desvelaremos qué ocurrió tras los fatídicos hechos narrados en la anterior entrada.

12 de Sigmarzeit:
 
  Una vez muerta Ethelka, volvimos a la orilla del río remando a duras penas y nos acercamos al cadáver de nuestro amigo Ragnar, que a esas alturas estaba mas tieso que un pan de escayola. Algunos de los guardias de los muelles nos interrogaron brévemente hasta que un buen destacamento llegó desde lo alto de la ciudad, con el Sargento Roderick al mando, quien nos ordenó que lo acompañáramos al cuartel de Kemperbad para aclarar el asunto.

  Una vez en el cuartel de la guardia, un edificio tosco y sencillo, nos encerraron a todos en una celda de detención, tras quitarnos las armas que llevábamos, pidiéndonos  paciencia hasta que se nos atendiera para el interrogatorio sobre lo sucedido antes de dejarnos libres. Sin embargo, Arty estaba muy malherido y se lo llevaron a recibir algunas curas.

  Cuando nuestro futuro hechicero, o eso espera él, regresó de la cura-sana-culito-de-rana su tez estaba pálida y en su rostro podía verse que algo no había ido bien…
 

Es indiscutible que la tez de Arty no invitaba a la tranquilidad en aquel momento.
  Arty había sido llevado a la presencia de un tal Leopold, un conocido del fallecido Kastor Lieberung (sí, ese maldito que era clavado a Arty y pertenecía a una secta), el cual le tomó por el supuesto miembro de la secta y le exigió la herencia que se suponía debía recibir (para la secta de La Mano Púrpura) a cambio de dejarnos libres. Además, le mostró un par de papeles con los rostros de los dos halflings del grupo (Viktor y yo misma, Karin), que estamos “en busca y captura” en la zona de Grunburgo, a donde pertenecemos, y motivo por el que salimos de nuestro hogar en busca de una nueva vida, dejando claro que pese a que no eramos causantes directos del accidente de los elevadores de la ciudad, podían mover los suficientes hilos como para sernos considerados como tales, e incluso culparnos de herejía y de la presencia del demonio, y solo la eliminación de Ethelka, una formidable enemiga de La Mano Púrpura, les hacía darle una segunda oportunidad a nuestro Kastor para entregar la herencia y pasar por alto su aparente traición a la órden.

  De vuelta en la celda Arty nos contó todo esto y también que antes de dejarnos libres esos malnacidos se quedarían con todo nuestro dinero como adelanto de la herencia que tanto estaba tardando en entregar el, para la secta, supuesto Kastor, lo cual nos aterrorizó, a unos más que a otros: Magmar consiguió esconderse 20 monedas de oro en las botas, los halflings entre la ropa y bolsitas varias, y Arty… bueno, digamos que se ensució tanto el culo como el alma al ocurrírsele esconderse 10 coronas de oro y un anillo allí donde la espalda pierde su nombre.

  “Aparte del anillo, te dejo meterte 10 coronas de oro por el culo. A partir de ahí, por cada 5 coronas más que quieras meterte, harás una tiradita de Voluntad hasta que falles y tendrás un -10% a todas las características.” (DJ Akrabu a Arty sin terminar de asimilar lo que estaba teniendo que decir)

Sargento, tenemos a un delincuente que acaba de redefinir la expresión "dinero sucio".
  Un largo rato después de la visita médica de Arty (y con este empezando a sentir que le escocía todo por ahí abajo), un grupo de guardias con pañuelos púrpuras en sus muñecas vinieron a por el dinero. Nos pillaron a ambos hermanos tratando de esconder algunas monedas, lo cual derivó en que recibiéramos una buena paliza por hacernos los listos. Sin embargo, el enano y Arty pudieron salir de la celda con lo escondido y sin más moratones, salvo aquellos que ahora habían en la decencia de Arty.

  Una vez de patitas en la calle y con nuestras armas de nuevo en nuestras manos nos dirigimos al único sitio que conocíamos allí en Kemperbad: “El Cordero Lechal”. Bien entrada la noche pudimos comprobar que no había rastro de Luigi Belladonna ni de su compinche Mario a quienes buscábamos para pedir ayuda, ya fuera económica o de otro tipo, así que, algunos más pobres que otros, decidimos cenar algo.

   Cuál sería la sorpresa al encontrarnos Viktor y yo a un antiguo conocido de nuestro pueblo natal, Albretch (a partir de ahora lo llamaremos Al, que es más fácil), que recién había llegado a la ciudad buscando hacer algo de dinero como artista callejero. Tras una entretenida conversación y un montón de reproches por lo sucedido en Grunburgo, nos fuimos todos a dormir a la posada “El gato callejero”, donde una viejecita con un trabuco nos dio un acogedor recibimiento en su local antes de dejar que nos hospedáramos en el.


Y si lo estáis pensando, no se trataba de este Al, si no del nuevo PJ venido para quien antes llevaba a Ragnar.
De seguro que nos ofrecerá interpretaciones igual de memorables, aunque sea por otros motivos.



  Y chinpúm, con esto dejamos la crónica hasta el siguiente volumen de la saga. Más dolores y lamentos en la siguiente entrada..

jueves, 2 de febrero de 2012

ACTO 10



Al fín ha sucedido. Sanidad nos ha dado un toque de atención a causa de las frecuentes hemorragias causadas como consecuencia de la lectura de este blog, y aunque gustósamente nos encantaría seguir apoyando el crecimiento del sector de los bancos de sangre, nos hemos visto obligados a recuperar el sistema de los volúmenes, por lo que a partir de ahora procederemos a su uso y abuso cuando la extensión de las entradas así lo requieran.

Hecho el aviso, retomamos la campaña al perpetrar la que fue la primera partida del año. Y "perpetrar" es la palabra clave, ya que no se puede definir de otra forma el horror sangriento que los PJ-s desataron una vez más. Está vez cedemos el turno a Magmar para que nos cuente de primera mano la que seguramente pasará a considerarse "Zona Catastrófica" en el Viejo Mundo durante las semanas venideras.

Tres, dos, uno... adelante con la crónica:

Después de pasar tres días en Grissenwald, doloridos y en manos del galeno Frederick, haciendo algunas compras, reparando la armadura de Ragnar, cotilleando todo lo posible acerca de lo que ocurría en la mina... nos enteramos que los bichos verdes que quedaran habían huido dejando la mina vacía, de ellos y de oro. Aunque al menos, haciendo de diplomáticos (si, ¡De los de sin armas!) conseguimos que desde el ayuntamiento dejaran las montañas y la torre (aunque vacía de coronas de oro, que ya sabemos que los políticos son todos unos chorizos) a los enanos de Khazid-Slumbol, terminando por llevarse bien con ellos al llegar al trato de que fuera el clan Granmartillo el que acabara con las posibles amenazas que por allí llegaran.

¡Ah! Y nos recompensaron, claro. 100 coronas, y títulos de “Hijos predilectos de Grissenwald”. ¿Que para qué sirve eso? No lo tengo muy claro, aunque uso sí que le dimos... Así que tras eso, y una despedida del Capitán Bingham con buena comida... y mucha bebida, nos montamos en un barco (que junto con la estancia de los tres días, y comidas y bebidas, nos pagaron desde el ayuntamiento como parte de la recompensa por la ayuda prestada).

Decididos a encontrar a Ethelka y una vez estudiada la carta encontrada en su hogar, viajamos en dirección Middenheim, lugar del remite de la carta, para lo que primero tendríamos que bajar en Altdorf, que era a donde llegaba el barco en el que nos montamos. Pero dicho barco, tenía que hacer una parada obligatoria en Kemperbad, donde decidimos hacernos con algunas provisiones, e ir en busca de algún galeno para seguir con las curitas sanas. Sin meternos en líos. Simplemente subir y bajar a la ciudad usando los elevadores de la misma.

¿Alguien recuerda el comentario de que en Kemperbad hacía unos 50 años que no tenían ningún accidente en sus montacargas? ¡JA! ¡No contaban con nuestra habilidad para causarlos!



                                                       
"50 años sin accidentes, y ellos solo necesitaron
3 minutos y 27 segundos para liar la de Dios es Sigmar..."
Pensaba el Director de Juego de vuelta a casa.
Y es que mientras estábamos subiendo Karin, Viktor, Arty y yo mismo, Magmar, por un montacargas, dejando las armas... bueno, y el resto del equipo en la cesta de al lado, vimos bajar a un grupo que no esperábamos ver tan pronto. ¡La bruja Ethelka! Con cuatro mercenarios ¡Y “el libros”! Si, el libros, ¿Os acordáis del segundo día que viajábamos juntos, cuando en la carreta iban “el cartas” y “el libros” dada nuestra poca memoria con los nombres? ¡Pues ese larguirucho iba con la bruja! ¡Y peor! ¡Era otro brujo!

¿Que cómo sabemos que era un brujo? Porque en cuanto llegamos arriba, corrimos a las murallas, a un lugar en donde poder ver hacia dónde se dirigía dicho grupo, intentando gritar a Ragnar para que se percatara de la presencia de la bruja en los muelles de abajo, pero temo que estaba ya algo duro de oído. En fin, que como no nos escuchaba, corrimos hacia el montacargas que iba a bajar en ese momento, comprando por una corona los sitios de los cuatro, y montándonos. Pero claro, la guardia tiene que incordiar. Sino no se quedan a gusto. Cuando ya estábamos unos metros más abajo, nos hicieron subir acusándonos de alteración del orden debido a la atropellada llegada que hicimos a la ciudad, empujando y alborotando a todo el mundo para poder alcanzar las murallas desde las que observar cuanto antes, a donde iba Ethelka. Pero nuestra insistencia de que había una bruja y que había que pararla, hizo que incluso insistieran en acompañarnos, cuando, al pedir que nos identificáramos, les diéramos... si, exacto, el papel que no sabemos ni para qué vale. ¡Pero sirvió!

Al bajar a nuestra par varios de ellos, y en otro montacargas más haciendo oídos sordos debido a la agitación, a las advertencias de los ingenieros que operaban los elevadores sobre sobrepeso por las armaduras y armas que portaban, con las prisas pasó lo que tenía que pasar. Cedieron algunas cuerdas, los frenos no fueron suficientes, y todo el sistema de elevadores cascó, con lo que los guardias se precipitaron (nunca mejor dicho) a los muelles en una caída libre de 200 metros, y nosotros estuvimos a punto, pero ya estábamos casi abajo del todo, por lo que no hubo que lamentar ningún mal y únicamente sufrimos un pequeño choque contra el suelo.


¡It's raining men! ¡Hallelujah!
En realidad, si. Tenemos algo para lamentar, y es que Ragnar murió al enfrentarse a la bruja y sus secuaces, para que no lograran escapar cuando al oir a la gente de los elevadores gritar “¡Bruja! ¡Bruja!”, y ver el terrible accidente y el jaleo causado en los muelles por el mismo, Ethelka y sus súbditos, bajaron del barco que iban a tomar, y que resultó ser el mismo que el nuestro, y comenzaron a alejarse de allí tratando de huir aprovechando la confusión causada en el muelle por el accidente, pues nosotros aún teníamos que pasar por el barco para coger lo importante.

La parte buena, es que conseguimos vengarle matando a la bruja, “el libros”, y el terrible demonio que invocaron cuando tratamos de darles caza, y cuya presencia no hizo otra cosa que animar el ya de por si excelente caos de gente corriendo, y atropellándose unos a otros, causado por el accidente de los elevadores. Aunque no tenemos mucha más información que antes, tenemos un nombre que investigar sonsacado a la moribunda Ethelka, y tal vez una máquina de señales a la que volver, con todas las llaves encontradas, puesto que la última estaba en posesión de los dos brujos, para tener a Arty leyendo algunos documentos que nos aclaren lo que ha pasado, o querían que pasara... o puede que vaya a pasar ahora.

Eso si nos dejan irnos de Kemperbad, una vez hecho el recuento de muertos y heridos tras el accidente indirectamente provocado, y la aparición del demonio, claro. Y después de volver a Grissenwald a darle un digno entierro a Ragnar.