lunes, 11 de diciembre de 2023

Codicia Sangrienta – Acto 2.1

Ha querido el destino que mis problemas óseos a cuenta de la caída que ya comenté hace tiempo no terminaran, por lo que este último año ha resultado ser toda una montaña rusa de emociones. De emociones, y de consumo de droga de la buena, legal y por cuenta de la Seguridad Social, para soportar el intenso dolor que mi maltrecha cadera izquierda me proporcionaba muy amablemente.

Como en tantas otras ocasiones, esto me ha llevado a volver a tener abandonado el blog pero, no hay mal que por bien no venga y, tras una delicada operación, ya puedo decir que soy uno con el metal y me he actualizado al siglo XXI como cyberpunk completo. Todo ello gracias a la prótesis de titanio que albergo en mi interior. ¡Jajajaja!, ahora mi cadera vale mucho más que vuestra mierda de iPhone, modernos, más que modernos.

Pero vamos al lío, que aquí estamos al grimdark y no al cyberpunk, y la historia de nuestro lamentable grupo dista mucho de haber terminado.

En nuestra anterior entrada, dejábamos a nuestros protagonistas tomándose un pequeño descanso en la capital del Imperio, y es a partir de ahí donde retomamos esta crónica de la campaña.

13 de Sigmarzeit

El grupo no quería desperdiciar las buenas oportunidades que la capital podía ofrecerles, y es por ese motivo por el que alargaron su estancia en Altdorf todo lo que pudieron. Como ya se dijo, Jorm aprovechó para continuar con su proyecto de la carrera además de seguir avanzando en el proyecto de su patrón, Yngwie hizo buenos tratos en lo que se refería a sus negocios, y el resto se limitó a cumplir con sus quehaceres dentro de la empresa y disfrutar ociosamente de todo lo que la capital podía ofrecerles.

Obviamente, lo último no estuvo exento de problemas, asociados a lo que inevitablemente sucede siempre que un PJ se va de parranda, y Lïnara y compañía tuvieron sus más y sus menos con la fauna de los bajos fondos de la ciudad cuando fueron víctimas de un ladrón que quiso hacer el mes con sus bolsas. Nuestros protagonistas solucionaron el problema con rapidez y eficiencia, pero su estancia empezaba a hacerse notar y a Yngwie no le convenía llamar la atención por el bien de su empresa. De modo que en cuanto estuvo todo zanjado en Altdorf, zarparon para continuar su camino hacia Wolfenburgo.

15 de Sigmarzeit

La Capitana Gertrude llevaba varios días preocupada por el clima y se lo hizo notar a la tripulación. Todo apuntaba a que en los próximos días habría lluvia intensa, y esto complicaría el avance de la barcaza por el río, por no hablar de otros posibles problemas derivados. Esto preocupó a Yngwie y le hizo arrepentirse del tiempo de más que invirtieron en su estancia en Altdorf, pero a lo hecho, pecho.

Sin embargo, aquello no era lo único que tenía preocupada a Gertrude. Desde que dejaron Altdorf, se mostró muy arisca con todo el mundo y trató a la gente con mucha más firmeza de lo habitual en su cargo como Capitana. Yngwie no tardó en saber por boca de Johann que esto se debía a que algunos de los hombres de la tripulación no habían querido informar sobre sus asuntos en Altdorf y, aunque la vida personal de cada uno no era de su incumbencia, dada la naturaleza del viaje la confianza entre todos los implicados era vital, mucho más si se tenía en cuenta que entre la tripulación había gente que llevaba poco tiempo con Gertrude; como Albrecht que apenas llevaba un año en La Luciérnaga, o Ulrich, del que casi no sabían nada, que había sido contratado poco antes de salir de Marienburgo, y que se había mantenido muy esquivo y silencioso durante todo el viaje. No había ningún motivo de alarma respecto a todo aquello, claro, pero era algo a tener muy en cuenta en la larga lista de problemas con los que Yngwie tenía que lidiar. Debido a su proyecto empresarial, ya se había granjeado algunos enemigos antes de salir de Marienburgo, y sabía cómo se las gastaban. La idea de tenerlos infiltrados entre la gente de La Luciérnaga no era descabellada, y Gertrude tenía mucha más experiencia que él liderando grandes grupos. Cualquier cosa que tuviera a Gertrude en alerta, era algo muy a tener en cuenta.

Tal era el nivel de paranoia,
que los ojos de Yngwie no daban más de sí para sospechar.

16 de Sigmarzeit

No tuvieron mucho tiempo para pensar en lo que preocupaba a la Capitana, porque durante la mañana del 16 de aquel mes, La Luciérnaga se topó de bruces con algo que les traería de cabeza durante unas cuantas horas.

Una lujosa barcaza navegaba en dirección opuesta a la de ellos. El navío estaba ocupado por un enorme grupo de jóvenes borrachos hasta la indecencia, que disfrutaban de la desmadrada fiesta organizada a bordo, y su sola presencia en el rumbo que seguía La Luciérnaga hizo tragar saliva y apretar el culo a Yngwie. Las dos barcazas no tardaron en cruzarse, y los temores del elfo se vieron justificados en cuanto comenzaron los primeros saludos. Los jóvenes juerguistas se mostraron muy amables y explicaron que se encontraban celebrando el cumpleaños de uno de ellos, un tal Rufus Schneider. Yngwie reconoció el nombre rápidamente, y no necesitó mucho tiempo para darse cuenta de que estaban frente a un buen número de caprichosos y mimados hijos de familias pudientes, acostumbrados a mirar por encima del hombro al vulgo. Los temores de Yngwie se hicieron realidad en cuanto la tripulación de La Luciérnaga sufrió una invitación forzosa de los señoritos del otro barco, para unirse al jolgorio desmadrado que se traían: mientras que la Luciérnaga se veía invadida por un ejército de mozos y mozas en un estado etílico lamentable, Jorm era llevado a una competición de beber cerveza y los halflings se convertían en los protagonistas indiscutibles de un concurso de “lanzamiento de halfling”. El resto de la tripulación de la Luciérnaga, se las veía y deseaba para mantener a raya a la muchachada tratando de que esta no hiciera demasiados estropicios en la barcaza, y observaban cómo los camareros del otro barco, a la postre también guardias de seguridad de los señoritingos, tampoco eran capaces de mantener orden en todo aquel descontrol.

Mucho se quejaba el elfo, pero si le hubieran pillado en su época
universitaria, otro gallo habría cantado.

Yngwie no podía creer lo que veían sus ojos. Todo su proyecto empresarial se estaba yendo al cuerno por culpa de una turba de alcohólicos desenfrenados. No le faltaban ganas de desenvainar la espada y liarse a tajos con aquella gentuza con ínfulas, pero la situación había que arreglarla con delicadeza, aquello no se iba a solucionar liándose a tortazos como con un vulgar grupo de piratas de río, por que cualquier desliz diplomático podía ponerle en el punto de mira de otra influyente familia Imperial (y la lista ya era bastante larga a estas alturas). De modo que no tenía más remedio que aguantarse las ganas de agarrar por el cuello a alguien, y tratar de solventar la situación de la forma más fina que pudiera.

Y mientras Yngwie y Gertrude trataban de poner fin a aquella situación, la despensa de La Luciérnaga fue saqueada, Jorm perdió el conocimiento, una vez más, tirado en medio de su propio vómito y los halflings casi murieron ahogados cuando fueron arrojados al río. Solo la intervención de Lïnara cuando finalmente se le inflaron los ovarios evitó un daño mayor, y al grito de “¡ME TENÉIS HASTA EL C*Ñ*!” la elfa mantuvo a raya a los indeseables jóvenes el tiempo suficiente hasta que apareció una barcaza de la guardia del río.

Pese a que Lïnara terminó amenazando y enarbolando varias armas contra los jóvenes, debido al estado de embriaguez de los asaltantes, no fue muy difícil poner a la guardia de su parte. Las pruebas no dejaban lugar a dudas, y hasta el equipo de seguridad de los jóvenes burgueses, harto de aguantar a tanto imbécil, apoyó a nuestro grupo defendiéndolo de los borrachos. Eso sí, todo aquel trajín y el papeleo que hubo de por medio hizo que La Luciérnaga quedara varada todo el día en aquel punto, y para cuando por fin pudieron continuar su viaje, la noche ya había caído sobre ellos.

jueves, 2 de marzo de 2023

Codicia Sangrienta - Acto 1.4

Con todos los cabos del plan bien atados, al grupo ya solo le quedaba hacer las maletas y poner rumbo a Wolfenburgo. La duración del viaje se estimó en unos 2 meses, debido a que navegarían a contracorriente por todo el río Reik, y a que los negocios del elfo no se podían detener si quería seguir pagando a sus empleados, lo que conllevaría inevitables paradas durante el trayecto. Además, aprovecharían esas paradas para transportar viajeros, y el dinero ganado con ello serviría para pagar la comida y los peajes durante el transcurso del trayecto.

El último detalle que se concretó fue el nombre de la nueva empresa de Yngwie, y al muy lumbreras solo se le ocurrió el de Argentum Valley. Cosas inevitables cuando tres cuartas partes de los jugadores son informáticos.

16 de Pflugzeit

El grupo zarpó desde uno de los muelles de Marienburgo una nublada mañana. La primera semana del viaje fue tranquila y bastante aburrida. Mientras que Axel e Yngwie remoloneaban por el navío, Lïnara hizo migas con los dos marineros Falandar y Albert, despertándose una buena química entre ella y el elfo marinero; y Jorm continuó con sus estudios en la soledad de su camarote.

Sin embargo, la tranquilidad duró poco, pues cuando atracaron en Hageelstein durante la segunda semana se vieron inmiscuidos en los sucesos del pueblo. La hija del alcalde había desaparecido, y puesto que ya habían tenido problemas con Hombres Bestia tiempo atrás, todo el mundo la buscaba desesperadamente. Durante la noche del día 26, Jorm, quien se había quedado estudiando en el barco mientras el resto pasaba las horas en el pueblo, vio colarse a una niña rubia en La Luciérnaga. Agarrándola del pescuezo la sacó a rastras de allí alertando a la tripulación, y el alboroto acabó llamando la atención de la guardia y el resto de pasajeros de La Luciérnaga. Resultó que sí, que la niña era la hija de Götburger, el alcalde el pueblo, y afirmaba que huía de los gitanos del pueblo, quienes querían “hacerle cosas malas”. Con todo el mundo reunido, incluídos los gitanos a quienes una enfervorecida turba quería apalizar, Yngwie consiguió sonsacar la verdad a la niña, quien confesó que solo quería irse de aventuras a la ciudad. De modo que al final la noche terminó bien para todos, excepto para la niña, que probablemente se iba a quedar sin postre hasta que el cometa de 2 colas volviera a surcar el cielo. La guardia y el alcalde se la llevaron enfadados, los gitanos recibieron las disculpas pertinentes de todo el mundo, los ciudadanos del pueblo marcharon a sus hogares frustrados por que les habían dejado sin linchamiento, y nuestro grupo volvió al barco como unos héroes.
 
Sin Game Boy, nada como un linchamiento popular para entretenerse.

El siguiente acontecimiento reseñable del viaje ocurrió en Carroburgo durante la tercera semana del trayecto. En aquella parada, el patrón se estiró con los suyos al ver que todo iba saliendo según lo planeado, y además de algunos juegos de dados y barajas de cartas para el entretenimiento del personal, también compró unas cuantas botellas de vino del caro. Esto ayudó a levantar el aburrido ánimo que llevaba todo el mundo en el barco y hasta se permitieron el lujo de una buena comida que trajeron Yngwie, Lïnara y Johann de su paseo por Carroburgo, en donde se enteraron de que al parecer andaban revueltos en el palacio del Imperio, debido a que el Emperador Karl Franz había enfermado al igual que el Graf de Middenheim. Además de esto, en sus negocios por Carroburgo también fueron abordados por dos misteriosos extraños de marcado acento silvano que deseaban pagar por los servicios de transporte de La Luciérnaga, queriendo que llevaran discretamente una enorme y alargada caja de madera que bajo ningún concepto debían abrir. La suculenta cifra ofrecida por Vladimir y Boris, pues así se identificaron los dos sujetos, junto a sus extraños ropajes negros pasados de moda, el acento del este, y, sobre todo, el escudo de la siniestra familia Von Carstein tallado en la caja, hicieron declinar al elfo la jugosa oferta. El dinero que ofrecían era obsceno y habría venido muy bien para el futuro de la empresa, pero Yngwie sospechaba que aquel trato solo les iba a traer problemas nocturnos y una terrible anemia.
 
Todo muy normal y nada sospechoso con aquella pareja.

Así pues, una vez terminaron con lo que tenían que hacer en Carroburgo siguieron su trayecto y, en la cuarta semana desde que comenzaron el viaje, atracaron en Altdorf. Habían terminado con éxito la mitad del viaje en el tiempo estipulado y eso era motivo de celebración. Además, estaban en la capital del Imperio y esta tenía mucho que ofrecer, empezando por sus enormes bibliotecas que Jorm visitó para continuar con sus estudios y su trabajo para la empresa; y Lïnara aprovechó para volver a irse de juerga con Johann y Falandar, no desperdiciando la noche con el segundo, puesto que el bebercio ayudó a que este empezara a seguirle el juego en los continuos flirteos de Lïnara.

Y es en este punto cuando los jugadores confirmaron sus sospechas sobre las estratagemas del Director de Juego, puesto que en sus paseos por Altdorf acabaron visitando la mítica taberna de El Goblin Cojo, y se enteraron de que mucha gente se preparaba para viajar al famoso carnaval de Middenheim cuyas fechas estaban próximas. La aparición de tan clásica taberna de nuestras campañas y del Carnaval de Middenheim solo podía significar una cosa: estaban jugando una campaña paralela y coétanea a El Enemigo Interior que anteriormente jugaron. Y todos sabían que aquello había acabado como el rosario de la Aurora.
 
En este punto, las aviesas intenciones del que dirigía la campaña quedaron reveladas.

 

domingo, 12 de febrero de 2023

Pagar por Trabajar

En el año 2019 yo y mis compañeros del trabajo nos declaramos en huelga junto a miles de otros trabajadores del sector en el que me muevo, para luchar por una renovación de nuestro convenio laboral. No fueron pocas las manifestaciones a las que acudí para unir mi voz a las de otra mucha gente que pedía a gritos una renovación de las tablas salariales, mejora de las condiciones laborales, limitación del plano de acción de las ETT-s para evitar abusos, mayores cambios en la legislación por los derechos de la mujer en el sector, y mil cosas más que habitualmente se exigen en este tipo de mogollones y que a estas alturas de la película no deberíamos estar pidiendo pancarta en mano. Durante todo aquel año vi, en riguroso directo, cómo los de la porra sacaban a pasear su herramienta entre gente que solo pedía poder pagarse el plato de garbanzos con dignidad. No llegamos a los extremos de los años 80, ni a ver situaciones como las que se vivieron en el pueblo de Reinosa en aquella década, pero sí que me dejó alucinado comprobar que patronal y gobierno tomaban acciones más en consonancia con el siglo XIX que con la modernidad de la que hacen gala con su palabrería.

El año terminó, se firmó un acuerdo, llegó el dichoso virus, las cosas siguieron igual a pesar de los apretones de manos, y todo el 2022 nos lo hemos pasado volviendo a dar por culo a los que mandan hasta que se ha vuelto a conseguir otro acuerdo... y más apretones de manos. Al menos hasta que a la gente se le vuelvan a inflar las gónadas.

Todo esto viene a que, aunque no abrí el blog como una herramienta para expresar mis opiniones, hace poco vi algo en el mundo del rol que volvió a hacerme hervir la sangre y que viene un poco a cuento de lo que acabo de contar; por lo que por una vez expresaré mi postura ante las acciones de algunas editoriales roleras pero, sobre todo, ante quienes las legitimizan al comprar lo que ofertan.

 

Esta imagen es tan buena que no hay pie de foto con la que poder mejorarla.

Estando ya en situación y teniendo en cuenta el panorama laboral, pongamos que ahora, por ejemplo, alguien publica una oferta de trabajo para un departamento de calidad en cierta empresa, en la que se ofrece hacerle los ensayos y pruebas al producto correspondiente, a cambio de ser el primero en verlo y pagar la cuantía de su precio. Hablando en plata: una oferta de trabajo en la que en lugar de cobrar por hacer los ensayos de aprobación del producto, será el trabajador contratado quien pague a la empresa a cambio de la exclusividad de disfrutarlo antes de que salga al mercado. Suena aberrante, ¿verdad?

Bien, pues esto mismo es lo que yo veo cada vez que el anuncio de un crowdfunding de rol llega a mí, con “suculentas” ofertas para poder participar en sus partidas de testeo pagando un poquito más. Ni que decir tiene que en cuanto veo cosas como esta salgo corriendo en dirección contraria y sin mirar atrás, por muy tiesa que me la ponga el juego implicado.

Y todo esto lo comento tras llegar a mí la noticia del éxito del que dicen que es el mecenazgo de mayor éxito en el mercado hispanohablante, mecenazgo que entre las aportaciones que ofrecía a los compradores incluía el poder participar en el betatesting del juego. ¿Nos hemos vuelto locos? Nadie en su sano juicio aceptaría pagar por hacer un trabajo a cambio de ser el primero en ver el producto, pero es algo que veo que en ciertos sectores de ocio como el de los juegos de rol se ha normalizado de formas que rallan lo grotesco. Claro que viendo la editorial que hay tras el proyecto, y su historial… PUES TAMPOCO ME EXTRAÑA.

 

Con el primer stretch goal se desbloquean los latigazos por cuenta de la editorial.

No faltará quien me diga que no es lo mismo. Que es un juego de rol, que en realidad vas a jugar y no a trabajar, que si tal y pascual. Primero, seguramente cualquier trabajador de las empresas de videojuegos que se dedique a testear los mismos antes de su salida al mercado no opinará lo mismo y, segundo, yo mismo he participado en diversos testeos roleros, algunos de exitosa repercusión he de añadir y, aunque no he cobrado por ello, como mínimo se ha reconocido mi labor en la página de créditos debido a mi trabajo en la creación del producto, eso al margen de otros estipendios no monetarios. Pero en ningún caso se me ha pedido que yo pagara de alguna manera por trabajar en el proyecto, en cuyo caso, muy generosamente habría levantado el dedo medio de mi mano para decirles que montaran en él y pedalearan.

Unas pruebas de juego son un trabajo que deberían tener por objetivo encontrar errores en el producto para corregirlos, no una diversión para el personal disfrazada de exclusividad. Simple y llanamente. Si luego la gente se lo pasa bien en el proceso, pues genial por ellos, seguro que también hay por el mundo algún sexador de pollos que se lo pase chipendi buscándole la huevada a los polluelos.

Cosas como estas son las que me hacen pensar en que tenemos lo que nos merecemos. Nos indignamos rápido con ciertas formas de actuar de las empresas, pero luego estas mismas empresas envuelven en papel de regalo con un bonito lazo sus mierdas de siempre y, en lugar de mandarles a cagar a la vía, el grueso de los clientes arroja fajos de billetes a sus carteras mientras se quejan de lo mal que está todo. Nada de lo que escriba en este blog que siguen cuatro gatos va a cambiar eso, pero me quedaré contento si, aunque sea de pura casualidad, alguien lo lee, le da un par de vueltas al tema y se lo piensa mejor antes de volver a meter su dinero en ciertos crowdfundings.